UNISONIC – Unisonic (2012)

Uno de los discos más esperados del año fue este álbum debut de Unisonic, un supergrupo alemán que cuenta con la presencia de miembros de Asia, Pink Cream 69 y, lo más importante, con la reunión después de 24 años -para la grabación de un álbum completo- de dos figuras claves dentro del mundo del Heavy Metal: Mike Kiske y Kai Hansen, la pareja de oro que llevó a Helloween a lo más alto con la primera y la segunda parte de Keeper Of The Seven Keys.

Y quizá hubo quien creyese que la reunión de este dúo galáctico iba a suponer un nuevo impulso para el Heavy Metal, o tal vez una renovación del género, pero lo cierto es que estamos ante un trabajo mucho más orientado hacia un Hard Rock más sobrio, más “maduro”, que no se caracteriza por su rapidez extrema o su contundencia, sino más bien por unas melodías pegadizas cargadas de ritmo que atraen al oyente a través de una gran belleza basada en la sencillez, y no en alardes de virtuosismo instrumental o en composiciones rebuscadas.

Kiske y Hansen no sólo se han reunido, sino que han sabido actualizarse para presentarnos un álbum muy potente y atractivo cuya producción, dicho sea de paso, es ACOJONANTE.

CONCIERTO EN EL TEATRO CIRCO PRICE (MADRID) – Jethro Tull (2012)

Fotografía de Juan Naharro Giménez

En 1972 veía la luz Thick As A Brick, una obra maestra difícil -por no decir imposible- de igualar. Hace unos meses, ya 40 años después de aquel álbum legendario, Ian Anderson decide contarnos qué fue de aquel Gerald Bostock en una segunda parte, con nuevos músicos y un estilo diferente. Comienza entonces una gira mundial de Jethro Tull (ahora presentados como Jethro Tull’s Ian Anderson debido a la marcha del cuasi-sempiterno guitarrista Martin Barre) que el pasado día 12 de julio hizo su paso por el Teatro Circo Price de Madrid. Las entradas estaban agotadas.

Sentado en mi butaca, con una cerveza en la mano y entre un público que, como poco, me doblaba la edad, dio comienzo un espectáculo original donde los haya, plagado de detalles humorísticos al más puro estilo Ian Anderson. El concierto comenzó con la banda vestida con gorro y gabardina barriendo y limpiando el escenario, en el que fueron apareciendo objetos tales como un sujetador o un preservativo aparentemente usado. David Goodier (bajista) comenzó a interactuar con el público de las primeras filas, pasando “lista” entre los asistentes. Anderson aún no había aparecido. Se apagaron entonces las luces, y dio comienzo un vídeo en primera persona -al estilo Duke Nukem, pero sin armas ni sangre- de Gerald Bostock entrando en la consulta de un psiquiatra, donde le recibe una amable secretaria que le invita a pasar al despacho del “doctor”, que no era otro que Ian Anderson disfrazado con una bata blanca y un peluquín ridículo. El doctor invita a Gerald a contarnos su historia, y es entonces cuando se encienden de nuevo las luces del escenario y da comienzo el concierto.

Con los primeros arpegios, la gente comienza a aplaudir. Cuando Anderson comienza a cantar, me doy cuenta de que su voz está literalmente machacada, y apenas es capaz de entonar correctamente, forzando muchísimo su ajada garganta. Esa es, a mi juicio, la razón por la que aparece en escena un “ayudante”, un joven cantante y actor llamado Ryan O’Donnell que personificaba a Gerald Bostock y que cantó la mayor parte de TAAB1 con una interpretación teatral, algo de lo que Ian es consciente de no ser capaz. El concierto continuó con una pulcra interpretación y una “colaboración” un tanto especial: a los 10 minutos de actuación, el grupo hace un parón y comienza a sonar un teléfono. Ian finge recibir una llamada de Anna Phoebe, una violinista que ya había colaborado con Jethro Tull en directo y con quien mantiene una corta conversación. Anderson le dice que está dando un concierto y no puede hablar, que le llame en dos minutos por Skype. Y así es, a los dos minutos, aparece un vídeo simulando la ventana del Skype, en la que se ve a Anna Phoebe tocando el violín, acompañando a la banda durante un fragmento. Incluso, la violinista se permite soltar el violín y enseñar a un adorable bebé en la pantalla, con quien baila durante unos segundos. El resto de TAAB1 es interpretado en su totalidad, alternándose el rol de vocalista entre Anderson y O’Donnell (con una mayor participación del segundo) con una maestría y una fidelidad a la obra original increíbles.

Y arranca TAAB2. Y lo hace con una simulación de un vídeo de Youtube en el que aparece otro de los personajes fictícios del camaleónico Ian Anderson: Archibald Parrit, presentador de televisión de St. Cleve, quien entre bromas nos invita a visitar su granja (con la aparición de perros, gatos, gallos…) para después presentar el espectáculo musical. Arranca entonces la interpretación de Thick As A Brick 2, en la que Anderson tiene una mayor participación vocal -aunque no muy brillante-, y en la que el grupo plasma a la perfección este último trabajo sin saltarse ni un compás. Al finalizar, vuelve a aparecer Parrit, quien nos presenta de forma virtual a la banda, que sale a saludar al público. Cuando la banda desaparece, nos quedamos sentados esperando que volvieran a salir para tocar Aqualung -esto era lo que esperábamos la mayoría, lo que parecía más lógico- pero, cuando vuelven a salir a escena, John O’Hara nos sorprende con los acordes jazzísticos de piano del inicio de Locomotive Breath, una canción que disfrutamos al 100% tanto músicos como público.

Y de esta forma finalizó un concierto memorable, con una buena puesta en escena y acompañado de vídeos e imágenes surrealistas de fondo.

A nivel técnico, destaca la labor de Florian Opahle (guitarra eléctrica) y Scott Hammond (batería), quienes realizaron una ejecución absolutamente perfecta en sus respectivos instrumentos. Goodier y su bajo pasaron totalmente desapercibidos, con una interpretación correcta pero sin florituras, y O’Hara intentó arriesgarse en algunas partes saliéndose de los esquemas, metiendo algún que otro gazapo. Algo que se le perdona teniendo en cuenta su magnífica ejecución de los teclados de Locomotive Breath. Por su parte, si bien Anderson no estuvo (ni mucho menos) a la altura vocal de la obra en cuestión, sí que cumplió con creces a la flauta y la guitarra acústica. O’Donnell trató de imprimir toda la teatralidad de Thick As A Brick con su interpretación y su magnífica voz, que fueron muy dignas a pesar de que escuchar a Jethro Tull en una voz que no es la de Anderson queda “raro”.

Mereció la pena el viaje, el concierto y el agobio que pasé en la capital (los asturianos no estamos hechos para esas temperaturas… ¡ni para esas carreteras infernales!).

THICK AS A BRICK 2 – Jethro Tull (2012)

El pasado lunes día 2 de abril vio la luz la esperadísima secuela del aclamado Thick As A Brick, uno de los álbumes más emblemáticos de Jethro Tull y del Rock en general. Para celebrar su cuarenta aniversario, el bueno de Ian Anderson (ya sin Martin Barre, que decidió seguir su propio camino) consideró que estaría bien saber qué había sido de Gerald Bostock, el niño insolente que había presentado el poema Thick As A Brick a un concurso y, después de haber ganado, fue descalificado por decir un taco en televisión y porque sus padres habían mentido sobre su edad. Hoy traemos aquí Thick As A Brick 2: Whatever Happened To Gerald Bostock?

Lo primero es lo primero: la portada. De nuevo nos encontramos con el boletín de noticias de St. Cleve, pero esta vez en formato digital, como mandan los nuevos tiempos (os recomiendo visitar la web, no tiene desperdicio). En él podemos encontrar noticias locales de muy diversa índole de este pueblo ficticio, todo ello aderezado con el personalísimo humor de Anderson.

Pero veamos ahora la historia que nos cuenta TAAB 2 o, lo que es lo mismo, la historia de Gerald Bostock. A modo de introducción, Ian Anderson hace una reflexión acerca de la infinidad de caminos que puede tomar la vida en función de las decisiones que vamos tomando, comparándola con una piedra que, lanzada al mar en un momento determinado, puede causar un Tsunami en la costa opuesta. Lo que se conoce como el efecto mariposa, en definitiva. A partir de aquí, vamos conociendo las diversas realidades paralelas de Gerald Bostock que, en función de sus decisiones, su entorno y los azares de la vida, acabará siendo un banquero, un indigente, un militar, un reverendo y un hombre común refugiado en el hastío de su rutina. Lo que es común a todos estos Geralds es que, a sus 50 años, hacen balance de sus vidas. Todos ellos habrían vivido de otra manera, habrían tomado otras decisiones y, en este punto, se disponen a cambiar lo que consideran negativo en ellos mismos. Al final, Ian Anderson nos invita a reflexionar acerca de esos Y si…?; Quizás…; Debería haber… que a menudo nos atormentan y que, en definitiva, son parte de la vida, pues la vida misma consiste en tomar decisiones erróneas, valorar las consecuencias y aprender de los errores. Pero nunca, nunca, podemos volver atrás.

Para valorar objetivamente TAAB 2, necesitamos librarnos de prejuicios y expectativas. En un primer momento, puede ser inevitable compararlo con la primera parte, lo cual, además de ser tremendamente injusto -recordemos que se trata de uno de los mejores álbumes de la historia-, es del todo irracional, ya que han pasado 40 años, la mente y la forma de trabajo de Ian Anderson son totalmente distintas, no cuenta con los mismos músicos… Es de agradecer que Ian no haya hecho una mera continuación de la obra de 1972 -de lo contrario sería una estafa, si quiero escuchar TAAB 1, pongo TAAB 1 en mi tocadiscos, equipo hi-fi o reproductor-. Se ha arriesgado, ha usado la historia de Gerald Bostock como nexo de unión y ha desarrollado algo totalmente nuevo a partir de ahí. Y, sin duda, ha ganado. TAAB 2 mantiene de alguna forma la atmósfera de Thick As A Brick, pero a través de unas composiciones y un sonido que recuerdan más bien a los Jethro Tull de discos como Roots To Branches o Crest Of A Knave. El álbum ya no se presenta como una gran suite, sino como un disco conceptual de 17 cortes que, eso sí, mantiene la continuidad de principio a fin. Todo brilla, tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Los músicos se complementan a la perfección sin perder su personalidad y, a pesar de que se echa de menos el sonido de la guitarra de Martin Barre, el jovencísimo Florian Opahle hace un gran trabajo como virtuoso que es. En términos generales, TAAB 2 no es tan complejo como Thick As A Brick pero, en cambio, es más cañero.

Los que busquéis la primera parte de Thick As A Brick, podéis pinchar en el enlace. Esto es Thick As A Brick 2. Es diferente, tiene que ser diferente.

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RESURRECCIÓN – FONOTECA IMPRESCINDIBLE (2012)

Esta entrada, un tanto especial, no es para recomendar ningún álbum imprescindible, sino para celebrar la resurrección de FONOTECA IMPRESCINDIBLE después de que Blogger, de acuerdo con sus términos y condiciones, decidiera eliminarla.

El pasado día 8 de febrero recibí un correo electrónico por parte de Blogger anunciando tal medida, correo que respondí dos días después -cuando me enteré, pues últimamente no tengo tanto tiempo como quisiera para dedicar diariamente al blog- y cuya captura de pantalla incluyo aquí:

A día de hoy, 14 -ya 15, realmente- de febrero, no he obtenido respuesta a mi solicitud, algo que ya me esperaba, por lo que ayer comencé a construir la nueva casa de esta bitácora. Para ello he podido contar con la inestimable ayuda de Perem de The Best Music, quien se ofreció desde el primer momento a echarme una mano en lo que fuera. Gracias a él he podido recuperar las tres últimas entradas que había en el blog y de las que no tenía copia de seguridad. Por si esto fuera poco, hoy mismo ha anunciado en su blog la nueva ubicación de FONOTECA IMPRESCINDIBLE, adjuntando también una nota que yo había escrito y que pego aquí directamente:

 

Gradualmente, el último bastión de libertad (aunque virtual, libertad al fin y al cabo) que quedaba en el mundo ha ido siendo devorado por entidades privadas e instituciones gubernamentales, con tácticas mafiosas y caciquiles, con el fin de controlar lo incontrolable: nuestro afán por publicar y compartir aquello que creemos importante, aquello que nos hace sentarnos frente al ordenador sin más retribución que la satisfacción de estar contribuyendo a la difusión de una cultura veraz, genuina y, desgraciadamente, en extinción, frente al cada vez más plastificado, homogeneizado y artificial pienso barato para masas adocenadas que nos quieren hacer tragar cueste lo que cueste.

Nosotros, humildes blogueros, representamos una gran “amenaza” para un sistema corrupto carente de toda virtud y para una industria que pretende desvirtuar lo único puro que aún queda en el mundo: el alimento sano y equilibrado que nuestros cerebros necesitan para crecer y fortalecerse, para que podamos conservar nuestra esencia de humanidad y no nos convirtamos en ganado. Quieren quitarnos la cultura, y LA CULTURA ES NUESTRA, de todos aquellos quienes disfrutamos de un buen libro sin que lo tenga que recomendar Oprah; de quienes nos fascinamos ante una obra musical que, precisamente por auténtica y de calidad, jamás aparecerá en la MTV, 40 Principales u otros circos de malos payasos; de quienes preferimos tumbarnos en la tranquilidad de nuestro hogar a ver una película que realmente merece la pena antes que ser robados a mano armada en un cine de butacas pegajosas para contemplar una basura fílmica que, en el mejor de los casos, será tan buena como una puñalada en el pulmón.

Somos muchos los que hemos caído, y seremos muchos más. Y, sin embargo, somos más cada vez que volvemos a levantarnos. Somos muchos más cada vez que nos apoyamos mutuamente para devolverle el golpe al Gran Monstruo. Somos invencibles, él lo sabe y, además, nos ha convencido de ello, pues el único motivo que le mueve a lanzar sus contundentes ataques es el miedo. Miedo a que seamos libres.

FONOTECA IMPRESCINDIBLE ha resucitado, y lo ha hecho gracias a todos aquellos que durante más de dos años habéis estado visitando y comentando en sus más de 300 discos imprescindibles, quienes habéis conocido música que antes no conocíais y quienes habéis aportado riqueza con vuestras recomendaciones. FONOTECA IMPRESCINDIBLE es la casa de todos, y ¡joder, no cierra! ¡NI SIQUIERA TIENE PUERTA!

Gracias a todos, amigos.

AitorL.

 

También Nortwinds, desde Motel Bourbon, dedicó una emotiva entrada a FONOTECA IMPRESCINDIBLE tras su cierre, por lo cual le estoy muy agradecido.

En los próximos días la actividad del blog, ahora en WordPress, volverá a la normalidad. Mientras tanto intentaré pulir un poco el diseño, recuperar a todos los lectores y actualizar los enlaces, ya que todos llevan a la página ya cerrada de Blogspot.

Sin más, muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo. Volvéis a estar en vuestra casa.

Un saludo a todos. ¡Seguimos adelante!

CONCIERTO EN LA SALA RIVIERA (MADRID) – Yes (2011)

Viernes 4 de noviembre de 2011, Sala Riviera, Madrid, 6:45 pm:

La cola para ver en directo a los legendarios Yes era significativa, y aguardaba estoicamente bajo la lluvia el momento de la apertura de puertas. Las conversaciones de los asistentes giraban en torno a las expectativas del concierto y a temas tan apasionantes como teoría musical y técnica para tocar el teclado, y algunos vendedores ambulantes ofrecían camisetas por 10€. Había público de todas las edades, predominando treintañeros y cuarentones.

Llegaron las 7:05 pm -la puntualidad española es legendaria- y se abrieron las puertas del paraíso. Los encargados de seguridad, cumpliendo con su trabajo, comprobaban las entradas, cacheando a los asistentes y pidiendo identificación cuando lo creían oportuno. Una vez dentro, nos paramos en el stand de merchandising para comprobar que las camisetas que nos habían ofrecido a la entrada por 10€, y que sabiamente habíamos comprado, estaban a la venta a unos precios que iban desde los 25€ hasta los 40€. Nos acercamos entonces a la barra, y pedimos un cachi -en Madrid se dice “mini”, y yo no sé dónde le ven lo de “mini”- de cerveza sabiendo que nos iban a meter un clavo por toda la espina dorsal -y, efectivamente, así fue-, pero ¡qué carajo! Un día es un día, y Yes bien se merecían ser recibidos con una cerveza en el cuerpo, para ir entonando gargantas.

Y llegaron las 8:00 pm. Una introducción típica para crear atmósfera, con el escenario vacío y oscuro, y una presentación en video que acompañaría al grupo durante todo el concierto, anunciaba lo que sería un concierto apoteósico. Y aparecieron ellos: lo que parecía ser un grupo de jubilados cuidados por un amable “jovenzuelo” de 45 años llamado Benoît David, pronto resultó ser una demostración de maestría, savoir-faire y buen gusto por parte de unos músicos que muy poco tenían ya que demostrar, a excepción de dos de ellos: David, que se había metido en los personalísimos zapatos de Jon Anderson; y Geoff Downes, que tenía que hacer en vivo y en directo lo que Rick Wakeman hacía 40 años atrás.

La banda arrancó con un pulcro y bien ejecutado Yours Is No Disgrace, que sirvió también como toma de contacto entre músicos, sonido y público. Siguieron Tempus Fugit, I’ve Seen All Good People y And You And I, mientras el público se entregaba por completo sin enloquecer demasiado (recordemos que el público, en su mayor parte, no estaba precisamente integrado por jovencitos). Hasta aquí, el espectáculo había sido increíble, pero quien de verdad se estaba erigiendo como un semidiós era Steve Howe, quien en este punto cogió su guitarra acústica y nos deleitó con sus solos imposibles y Solitaire, tema instrumental del nuevo disco. Después de su maravillosa exhibición, llegó el turno de Fly From Here, tema que interpretaron al completo y en el que Alan White, grandísimo percusionista que estuvo a la altura de las expectativas en todo momento, cometió un error que David, de forma muy ágil, le notificó inmediatamente, respondiendo aquél con una sonrisa y recuperando su posición al instante, lo que dio a la banda un aspecto de humanidad que siempre es de agradecer. Siguieron con Wonderous Stories, Into The Storm y Heart Of The Sunrise, ejecutadas de forma magistral. Y llegó entonces el momento de tocar la canción que muchos esperaban y que yo, personalmente, detesto: Owner Of A Lonely Heart, que por lo que supuso para la carrera de Yes, era obligada. Eso sí, la interpretación fue magnífica, y tanto músicos como público disfrutaron de lo lindo. Con Starship Trooper, la banda salía del escenario para volver después, como no podía ser de otra manera, con el tema que no podía faltar, so pena de destrozar y prender fuego al recinto: Roundabout, que por su garra y majestuosidad fue absolutamente perfecta. Después, ovación bien merecida por parte de toda la sala, que casi se había llenado para recibir a uno de los grandes del Rock Progresivo.

En cuanto a los músicos, el gran destacado fue Steve Howe, quien logró cautivar al público desde el primer momento con su maestría a las cuerdas y sus constantes cambios de instrumentos (guitarras acústicas y eléctricas, pedal steel guitar,…), a pesar de haber tenido algunos problemas técnicos con su laúd. Chris Squire y Alan White fueron también sublimes, estando a la altura de sus mejores momentos. Benoît David dio una grata sorpresa al aguantar como un campeón todo el concierto sin desafinar ni una nota, interpretando a la perfección los temas que Jon Anderson había hecho suyos con su peculiar estilo vocal y dando un particular dinamismo a la banda con sus curiosos movimientos, siempre divertidos e hipnóticos. La nota negativa es para Geoff Downes, quien a pesar de su despliegue instrumental (nueve teclados nada menos), se limitó a “ambientar” el concierto sin salirse de unos parámetros muy básicos, salvo el momento en que se “lució” tocando unos arpegios muy rápidos -aunque simples- con el keytar. Pero ¿quién es, al fin y al cabo, el guapo que toca como tocaba Wakeman?

A la salida, la impresión general era de haber presenciado un concierto grandioso por el que había merecido la pena pagar y, en nuestro caso, cruzar media península. Faltaron temas, claro que sí –Close To The Edge, Going For The One o Awaken, por citar algunos ejemplos-, pero eso es algo inevitable en un grupo con una trayectoria tan extensa y una discografía tan sublime.

En resumen, dos horas y veinte minutos de frenesí musical, y una cosa menos que presenciar antes de morir.

El vídeo que incluyo es del House Of Blues en Houston, pero refleja bastante bien lo que fue el concierto de La Riviera (a pesar de que la calidad del vídeo, sobre todo del sonido, no hace honor a la calidad del sonido in situ, pero es lo que tiene grabar con cámaras domésticas, mis vídeos están peor todavía).

CONCIERTO EN EL TEATRO JOVELLANOS (GIJÓN) – Cuarteto Kopelman (2011)

Ayer por la noche, en el teatro Jovellanos, presencié un espectáculo inigualable: el Cuarteto Kopelman, formado por la crema y nata del Conservatorio de Moscú, ofreció un recital impresionante.

Graduados en los años ’70 -la edad de oro de la institución-, Mikhail Kopelman, Boris Kuschnir, Igor Sulyga y Mikhail Milman tuvieron como maestros nada menos que a Dmitri Shostakóvich y a Mstislav Rostropóvich, entre otros muchos músicos de prestigio. Después de unas prolíficas carreras individuales, los cuatro músicos fundan el Cuarteto Kopelman en 2002, y desde entonces no han recibido más que premios y reconocimiento a nivel internacional.

Las obras interpretadas fueron el Cuarteto nº1 en La menor de Aleksandr Borodín; el Cuarteto nº2 en Fa mayor, Op. 92 de Serguéi Prokófiev; y el Cuarteto nº4 en Re mayor, Op. 83 de su mentor Dmitri Shostakóvich. Para terminar, ofrecieron tres piezas cortas : Notturno de Borodín -tercer movimiento de su Cuarteto nº2-; la Polka de Shostakóvich; y una danza de Ígor Stravinsky.

El cuarteto ofreció un concierto pulcro, con una interpretación más que brillante para una audiencia entregada. Las dos horas largas que duró el recital se hicieron cortas para aquellos que mirábamos boquiabiertos a estas cuatro maravillas soviéticas que nos enseñaron que la música clásica no morirá nunca.

Así de bien se hacían las cosas en la URSS.

FLY FROM HERE – Yes (2011)

Aquí está, ya llegó, lo último de Yes hasta la fecha. Fly From Here es un trabajo fascinante que, si bien no logra recuperar la era más gloriosa de la banda (algo absolutamente imposible), al menos consigue devolvernos a los Yes de discos como Tormato o Drama, superando todo lo que han venido haciendo en las tres décadas posteriores.

Y es que Fly From Here se abre con una magnífica suite dividida en seis cortes, y que está basada en unas composiciones que la banda había hecho en las sesiones de grabación de Drama. Si a esto sumamos los grandes avances tecnológicos que han ido apareciendo a lo largo de los últimos treinta años, y que ha sido Trevor Horn el elegido a la hora de producir esta obra (amén de participar en las voces), lo que tenemos es un disco de Yes con una frescura renovada, encarnada quizá en la voz de Benoit David que, si bien no es el gran Jon Anderson, cumple de forma muy satisfactoria.

La segunda parte del álbum, lo que sería la cara B, es más floja, aunque no en el mal sentido. Sigue la línea marcada en The Ladder y Magnification, sin caer ni por asomo en lo horrísono de Big Generator u Open Your Eyes, por poner un par de ejemplos.

El trabajo de los músicos es impecable, aunque ya no se aprecia ese protagonismo individual que, en ciertos momentos, adquiría un miembro concreto (también es verdad que Geoff Downes no está a la altura de otros teclistas como Wakeman o Moraz, y que Steve Howe y Chris Squire no deben de estar como para tirar cohetes).

Da gusto ver cómo los músicos que fueron un hito en su tiempo, aún tienen unas cuántas lecciones que dar cuarenta años después.