FIRES AT MIDNIGHT – Blackmore’s Night (2001)

Otro éxito más para Ritchie Blackmore y su señora, Candice Night. Fires At Midnight es uno de sus álbumes más rockeros, sin dejar de lado las raíces Folk medievales y renacentistas que hacen de éste uno de los dúos más genuinos de la historia. Si aún no habéis escuchado a Blackmore’s Night, no sé a qué estáis esperando. En este mismo blog disponéis de su mejor material.

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SHADOW OF THE MOON – Blackmore’s Night (1997)

Hoy toca otro gran debut. Esta vez, el del dúo que habría de convertirse en uno de los más genuinos y originales de la historia. Blackmore’s Night comenzaban su andadura medievalista y renacentista con Shadow Of The Moon, un disco de Folk muy puro, muy primario, lleno de melodías e instrumentos tradicionales. La ausencia del componente eléctrico es casi total: las guitarras acústicas, las mandolinas, los laúdes… van siempre acompañados de la dulcísima voz de Candice Night, quien imprime un sentimiento especial a las canciones. Cómo no, este álbum (y todos los del dúo en general) cuenta con el sello de garantía Blackmore, con lo que no cabe duda de que el resultado será siempre (o casi siempre) satisfactorio.

Resaltaría la canción Play Minstrel Play, en la que cuentan con una brillante colaboración: Ian Anderson (cantante y flautista de Jethro Tull) deja hablar a su flauta como sólo él sabe. También la genial versión que hacen de Ocean Gypsy, de los fenomenales Renaissance.

Mañana más.

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GHOST OF A ROSE – Blackmore’s Night (2003)

Encantador y hechizante. Esos son los adjetivos que se me ocurren para describir esta obra maestra que todo el mundo debería escuchar.

Todo en Ghost Of A Rose (su música, sus letras, su atmósfera…) es genuinamente medieval. Está repleto de madrigales, motetes y composiciones envueltas en una magia jamás soñada por bardos y juglares. Dominan en él, como no podría ser de otra manera, los instrumentos de cuerda pulsada que tan magistralmente domina el señor Ritchie Blackmore, traspasando la barrera delimitada por la sempiterna guitarra y arriesgándose con mandolinas, laúdes, cítaras… todo ello acompañado ocasionalmente de una percusión fuerte (acústica en su mayor parte), de instrumentos de viento muy dulces, como clarinetes y flautines y de la angelical voz de Candice Night, señora de Ritchie Blackmore.

He elegido este trabajo por su mayor calidad compositiva (a mi parecer), ya que el estilo es permanente e invariable a lo largo de toda la trayectoria de Blackmore’s Night. Todos los temas son de una belleza muy singular, y te trasladan casi desde el primer segundo a la era de caballeros, princesas e hidalgos de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, como diría Miguel de Cervantes. Además, y muy acertadamente, hacen una humilde pero respetuosa versión de Rainbow Blues de Jethro Tull que no está nada mal y es, por lo menos, muy original.

Se ve que el señor Blackmore, a pesar de sus desavenencias con Deep Purple y con Rainbow ha sabido encontrar su sitio, más íntimo y personal que el Rock, y ha conseguido mantenerse en esa limitadísima corte constituida por los mejores guitarristas de la historia (en torno a Su Majestad El Rey Jimmy Page, he dicho).

Hasta la próxima entrega.

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