SIGNALS – Rush (1982)

Lo que aquí tenemos es sin duda un gran punto de inflexión en la discografía de Rush. Después del aclamado Moving Pictures (para muchos su gran obra maestra, y uno de los álbumes más representativos de Rock Progresivo), la banda canadiense se acoge definitivamente a la fórmula de las canciones cortas y más llevaderas, los videoclips para la MTV y los estribillos pegadizos para petarlo en las radios. Esto supone indudablemente un paso atrás en lo que a complejidad y ambición musical se refiere (lo cual sería la tónica general en la década de los ’80, algo que ya hemos tratado aquí previamente), pero Rush lo hacen siendo fieles a su estilo y calidad inconfundibles.

Signals es un trabajo que se caracteriza por un mayor uso de sintetizadores -en detrimento de las guitarras-, por su accesibilidad y por su buen gusto dentro de su simplicidad. Las canciones que lo componen son excelsas, de la primera a la última, y la producción es, como siempre, genial.

Una prueba indiscutible de que no hay que sacrificar el alma para adaptarse a los nuevos tiempos.

2112 – Rush (1976)

Revisando el archivo del blog, me he encontrado con que todavía no he hablado del maravilloso 2112 de Rush. No sé cómo ha podido pasar.

2112 es el paso hacia la madurez de Rush, consiguiendo un sonido muy particular que prolongarían a lo largo de su etapa más progresiva. Pero 2112 aún no es tan retorcido como lo serían A Farewell To Kings o Moving Pictures, por ejemplo. Es un disco que, a pesar de llenar toda la cara A con una suite de 20 minutos, no se excede en instrumentación, arreglos orquestales, estructuras complejas… en definitiva, la escucha se hace muy amena.

La pieza que dirige la obra es una adaptación de la novela Anthem de Ayn Rand hecha por Neil Peart, batería de la banda. En ella, el protagonista vive bajo el yugo de una sociedad futurista gobernada por los monjes de los Templos de Syrinx, quienes tienen control absoluto sobre las vidas de todos y cada uno de los individuos que la constituyen. Pronto descubre, en un lugar no vigilado detrás de una cascada, una guitarra que la “antigua raza” había dejado allí, y se dispone a aprender a tocarla. La música no era algo que entrara dentro de los planes de los monjes para la nueva sociedad, por lo que prohíben al protagonista seguir tocando.

Este álbum es, por tanto, y en palabras del propio Peart, un canto al individualismo contra todo sistema colectivista (una idea que queda paupérrimamente plasmada, ya que ni Rand ni Peart llegaron a entender nunca la dicotomía individualismo-colectivismo). Esto se aprecia también en el arte gráfico, con la representación del hombre desnudo (la pureza del individuo) protegiéndose de la estrella roja (símbolo del colectivismo).

El resto de temas que completan el disco no bajan, ni mucho menos, el nivel. Son piezas cortas, muy bien compuestas y perfectamente interpretadas, lo cual tiene mucho más mérito si observamos que Rush son, al fin y al cabo, tres músicos (y no cinco o seis, como acostumbran a ser en la mayoría de bandas de Rock Progresivo), y las limitaciones en cuanto a instrumentación y, sobre todo, a la interpretación en directo, son evidentes. Sin embargo, Rush consiguen que no echemos de menos absolutamente nada. Eso es maestría.

PERMANENT WAVES – Rush (1980)

Llegan los terribles años ’80 a azotar al Rock Progresivo, pero parece que Rush aguantan bastante bien la sacudida. Y es que, a pesar de que el cambio sería inminente, Permanent Waves sirve como disco de transición, sin abandonar del todo el componente progresivo pero introduciendo una dinámica más sencilla y un sonido más orientado hacia el éxito comercial. Desaparecen las suites kilométricas y se moderan mucho en la duración de las canciones (con la intención de irrumpir con fuerza en el espacio radiofónico), y las letras de Neil Peart tienen un contenido más mundano que sus anteriores trabajos, mucho más fantásticos.

Nos encontramos aquí a unos Rush modernizados, que comienzan a usar los sintetizadores para adaptarse a los tiempos que estaban por venir pero que, al mismo tiempo, se apoyan en la experiencia que les había dado el estilo que siempre habían dominado. No hay, por tanto, un “mal gusto” en las composiciones, ni nos encontramos ante el típico abuso de nuevas tecnologías provocado generalmente por el desconocimiento del “nuevo sonido”. Lo que tenemos es un estilo bastante genérico y una prudente innovación que no cayó para nada en el exceso y que supo conservar la calidad que estos músicos llevaban mucho tiempo demostrando tener.

HEMISPHERES – Rush (1978)

Dios mío, pero qué bueno es este disco. Hemispheres es la digna segunda parte de Cygnus X-1, la historia que Rush habían comenzado en A Farewell To Kings.

Las influencias literarias y filosóficas de Neil Peart le llevan a establecer una nueva conexión entre los hemisferios del cerebro (la razón, representada por Apolo; y la emoción, representada por Dioniso). Concluye que no hay una lucha entre ambos, sino una cooperación en beneficio de un necesario equilibrio que da paso a una entidad superior (Cygnus) que es el Dios del balance que ha de imponerse para evitar la mutua destrucción. Para ello, en la suite que domina la cara A del álbum Peart nos cuenta la historia de cómo el viajero espacial a bordo de la nave Rocinante (que, recordemos, había sido absorbido por un agujero negro) es enviado a otro universo donde se representa esta dicotomía.

El resto del álbum no tiene desperdicio, encontrando el equilibrio perfecto entre Hard Rock y Rock Progresivo, haciendo notar todos y cada uno de los instrumentos utilizados y cuidando con delicadeza, minuciosidad y precisión todos los detalles. Para cerrar el disco, Rush nos obsequian con una orgía progresiva que abarca todo tipo de estilos en 10 minutos de frenesí musical.

Toda una joya.

A FAREWELL TO KINGS – Rush (1977)

Parafraseando a Ernest Hemingway en A Farewell To Arms, Rush nos presentan este soberbio trabajo titulado A Farewell To Kings. Con él, la banda canadiense arrancaba su etapa más progresiva que culminaría en el asombroso Moving Pictures.

Como cabe suponer, el álbum contiene una muy acertada crítica a la monarquía y a las reminiscencias feudales, anunciando eso sí la llegada de un nuevo y mejor mundo en la canción Closer To The Heart. Cabe mencionar también Cygnus X-1, suite de 10 minutos que cierra el álbum y que está basada en la fuente de rayos X del mismo nombre situada en la constelación del Cisne. En ella, Neil Peart nos cuenta el drama existencial de un viajero espacial que termina cayendo en un agujero negro, incluyendo varias referencias a El Quijote (su nave se llama Rocinante, por ejemplo).

Musicalmente, A Farewell To Kings no sólo gustará a fans del buen Rock Progresivo, sino también a los aficionados a Helloween, pues el registro vocal de Geddy Lee es muy agudo (recuerda a ratos a Michael Kiske) y juegan con sonidos bastante fuertes.

Una gozada de disco.

MOVING PICTURES – Rush (1981)

Seguro que muchos echábais en falta a esta genial banda canadiense en mi blog. Y, concretamente, éste álbum, que para muchos es la obra magna del Rock Progresivo. Pues ya véis que todo llega, y más tarde o más temprano tenía que aparecer Moving Pictures de Rush en nuestra FONOTECA IMPRESCINDIBLE.

Este trabajo sería el último (y para mí el mejor) de una serie de discos que, desde A Farewell To Kings en 1977, convertirían a Rush en referente mundial del Rock Progresivo. Es el último trabajo donde encontraremos una canción larga (A Camera Eye). Moving Pictures es un álbum completo, lleno de musicalidad, melodía, virtuosismo… todo esto combinado con un lirismo muy cuidado, propio del Rock Progresivo. No es un álbum conceptual, con un tema central como eje, sino que sus 7 canciones son independientes entre sí y tratan temas muy variados, desde la Inquisición hasta el ansia de privacidad en la vida de una estrella del Rock.

Este disco no es altamente recomendable. Es OBLIGATORIO.