THE SOFT PARADE – The Doors (1969)

Vamos con el que, para mí, es el álbum más flojo de The Doors. Pero, ¡qué carajo! siguen siendo los maravillosos Doors, con Jim Morrison al frente, con lo que de ninguna manera puede ser un mal trabajo. Es el último disco de la banda (en vida de Morrison) que me queda por comentar aquí, así que podríamos decir que no volveremos a hablar de ellos.

The Soft Parade es un disco marcado por la creciente decadencia en la que se veía sumido su cantante y alma. Jim Morrison no se tomaba nada en serio las sesiones de estudio, apareciendo cuando le daba la gana y en el estado en que le daba la gana, lo que provocó que la grabación se prolongara más de lo necesario, encareciendo la producción del álbum y causando lo que parecía ser una separación inminente. Asimismo, es reseñable la cantidad de temas escritos por Robby Krieger, lo que infiere al disco un cariz más comercial que los demás trabajos.

Sin embargo, el componente intelectual que sibuaba a The Doors aparte de las demás bandas de la época no desaparece, y se manifiesta claramente en canciones como Wild Child o Shaman’s Blues.

Es, por tanto, un álbum distinto, infravalorado en muchas ocasiones, con una producción mucho más elaborada de lo que se esperaba de The Doors y con una incipiente comercialidad que no gustó a todo el mundo. Aún así, habían vuelto a triunfar, demostrando una vez más que no había ningún grupo como ellos.

WAITING FOR THE SUN – The Doors (1968)

Waiting For The Sun es el tercer álbum de The Doors, y marcaría un antes y un después en la carrera de la banda. Los problemas de Jim Morrison con el alcohol, las drogas y la justicia iban en aumento, quizá en su afán por alimentar la peculiar imagen que el mundo tenía de él. Los directos que siguieron a este disco estuvieron fuertemente marcados por la controversia y el escándalo, circunstancias todas éstas que le costaron a The Doors la no invitación al histórico Woodstock del ’69.

Y este álbum constituye el mejor documento histórico para esclarecer la situación del grupo en ese momento. Las canciones no son tan fuertes como en los anteriores The Doors o Strange Days y, como contrapunto, las letras son mucho más crudas y están cargadas de un tono más profundo e irreverente. Baste mencionar Hello, I Love You; Love Street y The Unknown Soldier para dar una idea de la línea que sigue este peculiar trabajo que, en mi fonoteca, ocupa un lugar especial.

Las puertas de la percepción están abiertas.

STRANGE DAYS – The Doors (1967)

Vuelvo a la carga con el segundo álbum de The Doors. Strange Days es uno de sus discos más sanos, en el que música e intelectualidad van de la mano sin sobresalir ninguna por encima de la otra. Es más maduro que su debut, está más cuidado y mucho más elaborado. Y no es de extrañar, pues como es lógico, no contaban con los mismos medios al principio que para su segundo trabajo, para el que Elektra Records no escatimó en gastos.

No deja de ser un disco de The Doors, así que su contenido y su estilo no varían mucho. Resaltaría Love Me Two Times, People Are Strange y, cómo no, When The Music’s Over, comparada a menudo con The End por su duración y su carácter onírico.

Sin más, hasta la próxima.

MORRISON HOTEL – The Doors (1970)

Señoras y señores, éste es el disco número 50 en nuestra FONOTECA IMPRESCINDIBLE. Ya podemos estar orgullosos de tener una fonoteca no sólo rica en calidad, sino también en cantidad. Llegamos a este punto de mano de The Doors y un disco al que le tengo mucho cariño: Morrison Hotel.

Poco o nada puedo decir ya de la banda americana que no haya dicho anteriormente en las críticas de los álbumes The Doors o L.A. Woman, y poco se puede decir de este disco en concreto, pues no es ni sorprendente ni innovador si lo comparamos con el resto de trabajos de The Doors, lo cual ya es un gran punto a su favor. Podemos destacar Roadhouse Blues y Waiting For The Sun como singles, pero como siempre, el disco entero sigue esa línea y merece la pena: alegre, sencillo, bluesero a la par que tranquilo… son sólo algunos de los adjetivos que se me ocurren para calificarlo. Si a esto sumamos la inimitable voz de Jim Morrison y una producción casi casera compensada con una calidad musical impecable, tenemos un resultado inmejorable.

¡Rumbo a los 100! ¡Llegaremos!

L.A. WOMAN – The Doors (1971)

Vuelven el “Rey Lagarto” y su tropa a hacer acto de presencia en este blog, esta vez, con uno de sus más imprescindibles álbumes: L.A. Woman.

A pesar de su ajada voz, su desmejorado aspecto y su mente divangante, a Jim Morrison aún le quedaba material y lucidez para un último disco, una despedida que sería recordada como uno de los mejores trabajos de todos los tiempos. L.A. Woman supone el adiós definitivo no sólo de The Doors, sino también de Morrison, que moriría tres meses después de grabarlo. Y por todo lo alto: ¡a ritmo de Blues! Los temas L.A. Woman, The Changeling, Been Down So Long y Cars Hiss By My Window sientan las bases del estilo dominante del disco, aunque también encontramos temas más experimentales y agresivos como The Wasp (Texas Radio & The Big Beat) o Riders On The Storm.

Líricamente, siguen presentes los temas que persiguieron a Morrison a lo largo de su corta andadura: dolor, muerte, soledad, despedida… un último lamento de un joven hombre viejo; un escupitajo a la cara del mundo y su cinismo; su huella en la Histora de la Filosofía y la Música.

Disfrútenlo.

THE DOORS – The Doors (1967)

Volvemos a nuestra cada vez más rica selección con este clasiquísimo, el álbum debut de la banda norteamericana The Doors. Éste es, para mí, el mejor disco del grupo, amén de uno de los mejores de la historia.

Corría el año 1967, y las connotaciones políticamente incorrectas aún no habían azotado de pleno a la música. Fue tarea del genio, del artista, del sublime Jim Morrison romper las reglas. Y la censura y el escándalo no se hicieron esperar: La canción Break On Through (To The Other Side) fue censurada de su linea original: “She Gets High” pasó a convertirse en un simple “She Gets”, y lo mismo ocurrió con el tema The End, del cual fue censurada una parte final, donde Morrison cantaba “Fuck, Fuck”. Es curioso cómo este tema, con el que The Doors cerraba todos sus conciertos, liberaba la expresión artística de El Rey Lagarto, improvisando un final distinto en cada uno de ellos. Es reseñable en especial, por su repercusión a posteriori (ya que fue una de las razones por las que Morrison impresionó a un representante discográfico) una actuación en un local abarrotado en la que a Jim se le ocurrió cantar al final: “Mother, I Want To FUCK YOU”. Ésto le costó la salida a patadas del local, y un contrato discográfico millonario. A mi juicio, salió ganando.

El álbum es rico tanto melódica como líricamente, a pesar de los precarios medios de los que disponían. Y esa riqueza corrió en gran parte a cuenta del cofundador de la banda junto con Morrison, Ray Manzarek, (teclista) cuya capacidad compositiva no conocía límites. Temas como Light My Fire (número 1 en todas las listas de éxitos durante mucho tiempo), Alabama Song (Whisky Bar) o los mencionados antes dan buena cuenta de la calidad del trabajo.

No sólo la música de Morrison era arte. También lo era su vida, como también lo fue su supuesta muerte. Y es que es un gran enigma lo que rodea esta muerte, dadas las extrañas circunstancias y las frecuentes incongruencias en torno a los hechos conocidos. Hay quien afirma incluso haberle visto después de muerto, aunque sólo son rumores, pero lo cierto es que, según declaraciones del propio Manzarek, “si existe un tipo capaz de escenificar su propia muerte, creando un certificado de muerte ridículo y pagando a un doctor francés […] y poniendo un saco de ciento cincuenta libras dentro del ataúd y desaparecer a alguna parte de este planeta, […] ese tipo es Jim Morrison.

Creed o no en el mito, pero ESCUCHAD ESTA MARAVILLA.

PD: Hoy, 26 de junio de 2009, quien más y quien menos llora la muerte de Michael Jackson, el Rey del Pop, quien sufriría un paro cardiaco en su casa en Los Ángeles y nos dejaría para siempre el recuerdo de sus excentricidades, sus escándalos y, cómo no, su imperecedero legado musical. Hoy ha muerto un icono, pero ha nacido un mito.

DEP.